Hoy, quiero compartir con vosotros y vosotras mi reflexiones sobre lo que considero son las claves a la hora de mejorar los hábitos alimenticios. Porque hacer un cambio de hábitos y empezar a comer más saludable no es tarea fácil. A mí me costó tiempo asimilar e incorporar este modo de vida y, todavía hoy, después de 7 años, sigo aprendiendo y mejorando cada día.

Más allá de los objetivos que persigas con tu cambio de alimentación y del tipo de dieta que desees seguir, lo más importante es que te haga sentir bien y que te permita tener adherencia a la misma, es decir, que sea una alimentación sostenible para ti en el largo plazo y que pueda ser combinable con el resto de facetas y aspectos de tu vida.

Siempre que te propones hacer un cambio de hábitos, lleva acompañado un salto fuera de tu zona de confort, así que es completamente normal que te sientas aturdida, confundida e incómoda con ciertas cosas. Es un proceso que has de atravesar para poder pasar al otro lado.

La primera de las claves que planteo es que te hagas una pregunta fundamental: ¿Cuál es el motivo por el que quieres cambiar tus hábitos? Y has de ser lo más sincera y honesta contigo misma. Las respuestas pueden ser múltiples, pero básicamente podríamos dividirlas en: Quiero mejorar mi salud, quiero mejorar mi aspecto físico, quiero mejorar mi rendimiento deportivo, o una combinación de estas.

En función de la respuesta y del punto del que partas, las estrategias a seguir son infinitas, pero hay algunas claves que te van a servir a todos lo niveles y de eso es de lo que quiero hablarte en este post. ¿Me acompañas?

 Claves para mejorar tus hábitos de alimentación

1. Lo que hay dentro de tus armarios de cocina y frigorífico determina lo que vas a comer
Este punto parece muy básico pero es dónde solemos alojar a nuestros principales saboteadores.

Si en casa sólo tienes comida saludable eso será lo que consumirás en tu día a día. Y no vale el típico… “bueno… un paquetito de galletas para picar de vez en cuando…no hace daño” porque al final, acabas consumiendo galletas a diario y las galletas están cargadas de aceite de palma, azúcares y trigo genéticamente modificado, es decir productos que no te suman salud sino que te la restan. Si algún día te apetece comer algo dulce contundente ve a alguna pastelería artesana y cómete una buena pieza de bollería, para satisfacer tu deseo. Pero en el día a día, si lo que tienes en casa es fruta, dátiles, frutos secos o chocolate 85%, eso es lo que consumirás cuando tengas ganas de algo dulce, y eso es comida de verdad… que es de lo que se trata.

De ahí la importancia de que le dediques tiempo en tu semana a hacer la compra, si es posible que compres a pequeños productores y comerciantes, y si son ecológicos o al menos de proximidad, mucho mejor. De este modo, sabrás qué, a la vez que compras comida de calidad, estás contribuyendo a la economía local y a la salud del planeta.

Hoy en día, todo el mundo sabe que el tabaco es perjudicial para la salud. Y que aunque seas de las que se fuma solo un par de cigarrillos al día, sabes de sobra que si no te los fumaras te sentirías mejor…

Con la comida procesada, en unos años será igual. Está cada vez más demostrado que toda la comida procesada es mala para la salud siendo uno de los principales causantes de la obesidad, diabetes, problemas cardiovasculares, cancer, etc… Por eso, más allá de contar calorías o marearte con qué comer y que no, empieza por sacar la mayor parte de procesados de tu dieta y de tú cocina, y sustitúyelos por comida de verdad. Notarás el cambio! I promise!! 🙂

2. Organiza tu Cocina

Como te decía arriba, la opción ideal es que todo aquello que compres sea comida 0 procesada ni empaquetada, es decir:

Verdura propia de la estación del año en que nos encontremos: brócoli, calabaza, zanahorias, batata, tomate, apio, calabacín, guisantes, judías verdes, coliflor, lombarda, lechuga…

Fruta propia de la estación: peras, manzanas, limones, naranjas, mandarinas, grosellas, fresas, frambuesas, plátanos, uvas, melocotones, albaricoques….

Si eres omnívoro, proteína de buena calidad: pescado de temporada, sardinas, merluza, boquerones, gallos, lubina, dorada, calamar, sepia, rodaballo…. pollo, ternera, cordero, huevos de animales criados en libertad y origen ecológico, a ser posible.

Frutos secos y semillas: nueces, nueces pecanas, anacardos, almendras, avellanas, dátiles, semillas de lino, de sésamo, de calabaza y girasol.

Cereales integrales como el arroz, (el integral basmati es mi favorito), mijo, amaranto, trigo sarraceno, quinoa, cebada, avena.

Legumbres como las lentejas, los garbanzos y judías azuki.

Lácteos, de origen ecológico, si los toleras bien y no tienes problemas de salud como el yogur, kéfir o incluso leche de vaca, cabra u oveja

Algún super alimento, según tus necesidades nutricionales como la maca, la espirulina, el acai, reishi…..

Y para cocinar y aderezar tus comidas, aceite de oliva virgen extra, ghee, algún edulcorante tipo estevia o sirope de ágave, y cacao mínimo 85%

Si estás en una fase inicial en cuanto al cambio de hábitos… la flexibilidad en este momento no suele ser muy útil. Cuando no tienes integradas conductas saludables de comida, saber cuál es la medida correcta, no suele ser fácil, por eso es mejor que en las primeras fases optes por ser lo más estricto posible y cuando ya hayas integrado y asimilado unos buenos hábitos empieces a flexibilizar en función de tus objetivos y siempre sabiendo encontrar un equilibrio que te permita sentirte a gusto y en paz con la vida que llevas

3. Organiza tus comidas

Este es un punto estratégico fundamental. Para poder alimentarte de un modo saludable durante la semana, es imprescindible que cocines tu comida, pero con el ritmo de vida que tenemos, se hace a veces un milagro preparar un desayuno, comida y cena saludable, todos los días de la semana. Por eso, mi consejo es que dediques un día a organizar tus comidas. Igual que le dedicas tiempo a la compra, tendrás que dedicar un ratito a cocinar cosas que luego te ayuden a aligerar la carga de trabajo durante la semana.

De este modo, podrás prepararte de un modo más rápido el tupper con la comida para el trabajo o la cena cuando llegas a casa muertecita de hambre y agotada de toda la jornada laboral.

Es muy útil cocinarte legumbres, como garbanzos, lentejas o judías azuki y dejarlas en un tarro de cristal con agua, sal y zumo de limón, guardado en el frigorífico.
También suele ser de gran ayuda, cocinar arroz, mijo o algún otro cereal que te guste y guardarlo dentro de un tupper de cristal en la nevera.
Y las verduras también son susceptibles de ser cocinadas y almacenadas en la nevera sin que pierdan sus propiedades. Judías verdes, brócoli, zanahorias, patatas, batata, coliflor, etc… Después de cocinadas, introdúcelas en un tarro de cristal con agua, sal y zumo de limón y podrás conservarlas hasta 5 días en buen estado.
O también puedes preparar cremas de calabaza o calabacín y tenerlas listas para la semana.

Cocinar un caldo de verduras o de pollo también suele ser muy buena opción para poder cocinarte una sopa o una crema de verduras en mucho menos tiempo.

Tener ya tostadas unas semillas de sésamo, calabaza o girasol, te permitirá aderezar tus ensaldas, verduras y cremas, con algo crunchy y delicioso en un santiamén.
También puedes aprovechar ese día para prepararte algo goloso, como una crema de frutos secos tipo newcilla, un bizcocho de plátano o un crumble de papaya.

Así, podrás preparar tu comida en menos de 15 minutos

Aquí abajo puedes encontrar un par de ejemplos, teniendo todo ya cocinado, es tan fácil como calentar los ingredientes, hacer la proteína a la plancha y aderezar con un chorlito de aceite de oliva y sal.

Estas son algunas de mis estrategias claves para alimentarme de un modo saludable pero estoy deseando escuchar cuáles son las tuyas, así que no olvides comentarlas, abajo en al sección de comentarios.

Te mando un abrazo enorme y te deseo una muy feliz Semana Santa.

Con todo mi amor!

Eva G.

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